24 de Abril de 2018
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Artículos de opinión

Una reforma laboral eficaz

La reforma laboral posibilitará un crecimiento en el empleo más consistente cuando se retome el crecimiento económico y la reducción en el número de empleados será menor que en la anterior etapa cuando se produzcan desaceleraciones económicas.

Mucho se ha escrito en los últimos meses sobre el grado de eficacia de la reforma laboral acometida por el gobierno del Partido Popular de Rajoy en febrero de 2012. Algunas de las opiniones, muy alejadas del rigor que dictan las bases económicas, tildaban de catastrófica la nueva normativa cada vez que se conocían nuevos datos de la realidad del mercado laboral.


Cuando se produce la modificación normativa nos encontrábamos en una dura recesión económica caracterizada por la desaparición de empresas y, por tanto, por la destrucción de empleo. El problema al que se enfrentaban la mayor parte de organizaciones supervivientes era un exceso de capacidad productiva instalada. Esto es, tras los años de bonanza muchas empresas desarrollaron importantes inversiones, financiadas la mayor parte de ellas, en infraestructuras, equipos productivos y materiales, que provocaban que las empresas pudieran producir mucho más de lo que podían vender.


Ante esta situación, caben dos soluciones: 1) Seguir produciendo al 100% de la capacidad instalada para poder obtener un producto final a un coste unitario competitivo (los costes se dividen entre un mayor número de unidades) y almacenar dichos bienes a la espera de poder encontrar compradores (esta situación sólo es sostenible en el corto plazo por los importantes costes de inventario que suponen); 2) Adaptar la producción a la demanda existente en el momento. En este caso, los costes unitarios de producción se disparan ya que la empresa tiene que seguir pagando a sus trabajadores, su maquinaria, los contratos de aprovisionamiento firmados, y todos esos costes se repartirían entre un menor número de unidades producidas. Así, el coste de cada producto es tan elevado que deja de ser competitivo.


En este contexto, muchas empresas, que no son capaces de encontrar nuevos nichos de mercado para dar salida a su producción, necesitan para garantizar su supervivencia adaptarse a las nuevas circunstancias de la demanda y reducir su capacidad. Sin embargo, se enfrentaban ante una normativa laboral tan rígida que hacía imposible afrontar la necesaria reducción de plantilla. Esto provocó la importante desaparición de empresas y, por tanto, de puestos de trabajo. No obstante, eran múltiples los organismos internacionales e instituciones que alertaban del deficiente funcionamiento del mercado laboral español y requerían su urgente reestructuración. A modo de ejemplo, los informes del World Economic Forum situaban la eficiencia del mercado laboral español en el puesto 115 de 139 países analizados en el año 2010.


Por tanto, la flexibilización del mercado laboral, más allá del debate ideológico, era una necesidad para el tejido empresarial español. Tras la reforma de febrero de 2012 era lógico esperar un incremento del desempleo en el corto plazo, ya que precisamente lo que posibilita es el redimensionamiento de las empresas hasta que alcancen aquel tamaño que las vuelve a hacer viables y competitivas. De este modo, en un primer momento tuvo un efecto negativo sobre la tasa de desempleo, pero constituyó un marco normativo más sólido que posibilitara a partir de ese momento una mejor evolución de los datos del desempleo con independencia de la etapa del ciclo económico en la que nos encontremos, al dotar de flexibilidad al sistema y posibilitar que las empresas se adapten en cada momento a las circunstancias del entorno y poder garantizar así su supervivencia y, de este modo, el de sus empleados.


Así, cuando las condiciones económicas lo posibiliten y comience un nuevo ciclo económico positivo, será más sencillo el acceso a la contratación por parte de las empresas ya que los costes de la misma serán inferiores. Esto va a hacer posible que nuestra economía comience a crear empleo neto con unas tasas de crecimiento del PIB muy inferiores a las que requería la anterior normativa laboral. Según estudios, esa creación de empleo podría producirse a partir de un crecimiento de un 1% del PIB, cuando con anterioridad se requerían crecimientos próximos al 2,5%.


Por otra parte, cuando nos volvamos a enfrentar a ciclos económicos negativos, la actual normativa laboral posibilitará que muchas empresas puedan adaptar su tamaño al mercado en cada momento sin poner en riesgo su viabilidad futura. Esto es, las empresas tendrán más herramientas para reducir su capacidad productiva instalada y adaptarse a la nueva situación del mercado, para poder garantizar una actividad competitiva y evitar su desaparición salvando, de este modo, un número de puestos de trabajo importante.


En resumen, cuando las circunstancias del entorno sean positivas la reforma laboral posibilitará un crecimiento en el empleo más consistente y cuando se produzcan desaceleraciones económicas la reducción en el número de trabajadores será menos significativa que en la anterior etapa.


Nuevamente, se demuestra que cuando se ejercita la labor de gobierno desde la responsabilidad, realizando un diagnóstico de la situación, tomando medidas que busquen resolver los problemas de los ciudadanos y mirando al largo plazo, los resultados acaban apareciendo. Eso sí, hay que huir de medidas populistas, de no transmitir malinterpretaciones de datos negativos puntuales y hacer un fuerte esfuerzo de pedagogía política y de comunicación con los ciudadanos.


Por ello, insistimos en que es tiempo de rigor, es tiempo de comunicación y, sobre todo, es tiempo de RESPONSABILIDAD y de PARTIDO POPULAR.



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